Queridos hermanos,
Para la Solemnidad de la Ascensión del Señor, el Evangelio de Evangelio según San Mateo nos presenta las últimas palabras de Jesús a sus discípulos. Y lejos de ser una despedida triste, este pasaje es una proclamación de esperanza, de misión y de presencia viva.
Jesús resucitado se encuentra con los Once en Galilea y les dice: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Con estas palabras, el Señor revela que ha vencido definitivamente al pecado y a la muerte. Su autoridad no es un poder humano ni político; es el poder de Dios que salva, transforma y da vida. La Iglesia anuncia el Evangelio no apoyada solamente en fuerzas humanas, sino sostenida por la autoridad de Cristo glorificado.
Luego, Jesús entrega a sus discípulos una misión inmensa: “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones”. Estas palabras siguen resonando hoy con la misma fuerza. La Iglesia existe para evangelizar, para llevar la verdad de Cristo a todos los pueblos, para bautizar y enseñar el camino del Evangelio. No se trata de conquistar territorios ni de imponer ideas, sino de anunciar el amor de Dios a toda la humanidad. Cada cristiano, desde su lugar, está llamado a ser testigo de esta Buena Noticia.
Pero quizás la frase más consoladora del Evangelio sea la última: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. La Ascensión no significa que Jesús se haya alejado de nosotros. No es un adiós. Al entrar en la gloria del Padre, Cristo se hace aún más cercano, porque ya no está limitado por el tiempo ni por el espacio. Él acompaña a su Iglesia, sostiene a los creyentes y camina junto a nosotros en cada momento de la vida.
Por eso, la Iglesia no vive recordando a un ausente, sino celebrando la presencia viva del Resucitado. Cristo está presente en su Palabra, en los sacramentos, en la comunidad y en cada corazón que lo busca con fe.
También la imagen de la “nube” en los relatos de la Ascensión tiene un significado profundo. En la Biblia, la nube representa la gloria de Dios. Es el signo de la presencia divina que acompañó al pueblo de Israel en el desierto y cubrió el monte Sinaí. Cuando la nube oculta a Jesús de la vista de los discípulos, no significa que desaparece, sino que entra plenamente en la gloria del Padre y comienza su reinado universal.
La Ascensión del Señor nos invita entonces a vivir con esperanza. Cristo reina. Cristo permanece con nosotros. Y Cristo nos envía al mundo para anunciar el Evangelio. Que esta solemnidad renueve nuestra fe y nos ayude a caminar con la certeza de que el Señor está vivo y acompaña a su Iglesia todos los días, hasta el fin del mundo. Amen.
Pbro. Oscar Angel Naef
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