viernes, 13 de febrero de 2026

Homilía, Viernes V del tiempo ordinario. 13 de febrero de 2026. Parroquia de Fátima. CABA

Hermanos: Como todos los días 13, en esta parroquia de Fátima, nos tomamos de la mano de María para encontrarnos con Jesús en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía. 

Así el relato de la curación del sordomudo en Mc 7,31-37 puede leerse como un itinerario espiritual que va del cierre interior a la apertura plena a Dios. En ese camino, María aparece como el modelo perfecto de lo que significa escuchar y anunciar fielmente la Palabra.

El hombre sordo y con dificultad para hablar representa la condición humana herida por el pecado: incapaz de escuchar verdaderamente a Dios y, por tanto, incapaz de proclamar su grandeza. La sordera espiritual precede a la mudez evangelizadora. Cuando el corazón está cerrado, la palabra pierde su verdad y su fuerza.

Jesús actúa con gestos cargados de significado: lo aparta de la multitud, toca sus oídos y su lengua, mira al cielo y pronuncia el «Effetá» —“ábrete”—. No se trata solo de una curación física, sino de una recreación. Como en el Génesis, la Palabra divina irrumpe y transforma. El hombre es abierto por la gracia para escuchar y hablar correctamente. Se inaugura en él una nueva creación.

María, en cambio, no necesitó ser curada de sordera espiritual, porque desde el principio se presenta como la oyente perfecta. En la Anunciación, no solo escucha el mensaje del ángel: lo acoge, lo medita y responde con disponibilidad total. Ella es la mujer del hágase”, la que permite que la Palabra encuentre espacio y fecundidad en su vida. En María no hay resistencia ni cerrazón; hay apertura plena.

Así, el «Effetá» que en el Evangelio libera al sordomudo encuentra en María su realización más luminosa. Su corazón está completamente abierto a Dios. Por eso puede proclamar: Proclama mi alma la grandeza del Señor”. La escucha se convierte en canto, la acogida en anuncio. En ella se cumple perfectamente el dinamismo cristiano: primero escuchar, luego proclamar.

El contraste es pedagógico. El sordomudo necesita un gesto sanador que rompa su aislamiento; María vive en permanente comunión con la Palabra. El hombre curado empieza a oír y hablar; María escucha con fe y anuncia con alegría desde el inicio. Ella es imagen de la Iglesia llamada a dejarse abrir por Cristo para convertirse en madre y mensajera del Evangelio.

Cuando la multitud exclama: Todo lo ha hecho bien”, reconoce en Jesús al autor de una obra nueva. María es la primera que reconoce y canta esa obra en su Magníficat. Su vida entera es respuesta agradecida a la acción salvadora de Dios.

Este pasaje, leído a la luz de María, nos invita a preguntarnos: ¿estamos abiertos a la Palabra como ella? ¿Permitimos que Cristo pronuncie sobre nosotros su «Effetá»? La conversión no es otra cosa que dejar que Dios abra nuestros oídos y nuestro corazón, para que, como María, podamos acoger la Palabra con fe y anunciarla con gozo.

De este modo, Marcos 7,31-37 no solo narra el paso de la sordera a la escucha, sino que, contemplado junto a María, se convierte en una llamada a vivir una apertura radical a Dios. Ella es el modelo de la escucha fiel y del anuncio valiente: la mujer plenamente abierta, la criatura en quien la Palabra encontró eco perfecto y desde quien comenzó a resonar para el mundo entero. Con Ella decimos juntos, Amén !

P. Oscar Angel Naef